José Luis Donagaray, director de la importadora Sadar, analizó el quiebre estructural en el parque automotor nacional. Con la paridad de precios de compra y una red de infraestructura consolidada de norte a sur, la movilidad cero emisiones dejó de ser un proyecto de futuro para transformarse en un alivio financiero inmediato para hogares y empresas de todo el país.
El mercado automotor uruguayo está atravesando una de las transformaciones más rápidas e irreversibles de su historia reciente. Lo que comenzó hace unos años como una renovación de nicho, limitada a flotas corporativas de la capital o vehículos de alta gama, se ha consolidado en este 2026 como una realidad de consumo masivo que abarca a todo el territorio nacional.
José Luis Donagaray, director de Sadar —importador oficial de marcas líderes en el segmento eléctrico como BYD y Peugeot—, dejó una definición contundente que desarma los prejuicios tradicionales del sector: «El auto eléctrico hoy es dinero en el bolsillo del uruguayo».
Para el ejecutivo, la histórica barrera económica que separaba a los vehículos eléctricos de los tradicionales a nafta o gasoil se ha pulverizado a nivel país, transformando lo que antes era una opción netamente «ecológica» en una decisión de estricta conveniencia financiera y supervivencia presupuestal para las familias de todos los departamentos.
Durante mucho tiempo, el argumento para postergar el salto a la nueva tecnología era el elevado costo de adquisición inicial. Sin embargo, Donagaray explicó que el principal catalizador del actual boom es que los precios de importación —liderados por el desarrollo tecnológico y la escala de las marcas de origen chino— se equipararon definitivamente con los de combustión interna en las automotoras de todo el país.
Este fenómeno se explica por una política de Estado sostenida y de fuerte incentivo fiscal:
- Exoneraciones impositivas a nivel nacional: Los vehículos eléctricos en Uruguay cuentan con una reducción total o drástica del IMESI y tasas arancelarias preferenciales, lo que impacta directamente en el precio final de venta al público.
- El impulso de la COMAP para empresas: A través de los proyectos de inversión promovidos, las empresas de cualquier punto del país pueden recuperar un porcentaje altísimo del valor del vehículo mediante la exoneración del IRAE, acelerando de forma drástica la reconversión de flotas comerciales, de distribución y de servicios logísticos.
Hoy por hoy, en un mismo segmento y con idéntico nivel de equipamiento y seguridad, los valores de compra en el mercado local son equivalentes. El dilema de pagar más para «ahorrar después» quedó fuera de juego.
Uruguay es un país con combustibles caros en términos regionales, y las distancias diarias para conectar localidades en el interior o los trayectos metropolitanos pesan con fuerza en el sueldo a fin de mes.
La matemática que defiende el director de Sadar es directa y se siente en la economía diaria de forma inmediata:
| Concepto operativo | Vehículo a Combustión (Nafta) | Vehículo Eléctrico (Batería) |
| Costo de energía / combustible | $8.000 mensuales promedio | Menos de $1.000 mensuales |
| Relación de gasto | 8 a 10 veces más caro | Ahorro neto del 85-90% |
| Mantenimiento mecánico | Filtros, aceites, bujías, correas, tencesor | Prácticamente nulo (frenos y neumáticos) |
El impacto de la carga inteligente de UTE: Donagaray enfatizó que este ahorro óptimo de 1 a 10 se logra aprovechando las tarifas residenciales inteligentes del ente estatal (como el Plan Inteligente o la Triple Tarifa), programando la recarga del coche durante la madrugada desde el hogar, cuando el costo del kilovatio hora es significativamente más barato.
Uno de los miedos más recurrentes del comprador uruguayo era el fantasma de quedarse varado en la ruta al viajar de un departamento a otro. Frente a esto, el jerarca de Sadar se mostró sumamente optimista con el despliegue de infraestructura que viene realizando el país. Uruguay posee actualmente una de las redes de carga pública (Ruta Eléctrica de UTE) más densas y conectadas de toda América Latina.
El despliegue de conectores rápidos en las principales rutas nacionales permite proyectar viajes largos de punta a punta del territorio nacional sin inconvenientes. Además, las autonomías reales de los modelos que ingresan al mercado ya superan holgadamente los 350 o 400 kilómetros por carga, lo que destrona el problema del uso diario, donde un conductor promedio en Uruguay rara vez supera los 50 kilómetros de recorrido.
Para la dirección de Sadar, la electrificación del transporte en el Uruguay de 2026 ya es un proceso maduro y sin retorno. En un país que carece de yacimientos petrolíferos pero que logró transformar su matriz energética hacia fuentes totalmente renovables (eólica, solar e hidráulica), el auto eléctrico cierra un círculo virtuoso perfecto: soberanía energética para el Estado —que deja de importar crudo para mover sus autos— y un alivio directo, medible y real para la economía de los hogares uruguayos.


