Laguna Garzón entre crisis ecológica y acción estatal: abren la barra para frenar deterioro
Este domingo 23 de noviembre de 2025, el Ministerio de Ambiente autorizó una apertura artificial de la barra arenosa de la Laguna Garzón, en la frontera entre los departamentos de Maldonado y Rocha, para hacer frente a una grave floración de cianobacterias que cubre gran parte de la superficie del espejo de agua.
Un ecosistema bajo presión
La operación de apertura fue monitoreada por técnicos de la Dinabise (Dirección Nacional de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos) y la Dinacea (Dirección Nacional de Calidad y Evaluación Ambiental), junto con personal del área protegida de la laguna. Según informó el Ministerio de Ambiente, la maniobra persigue permitir un intercambio vital entre el agua dulce de la laguna y el agua salada del mar, con el objetivo de arrastrar nutrientes acumulados y restaurar la salinidad, dos factores clave para frenar la eutrofización.
La actual floración de cianobacterias —microorganismos fotosintéticos que tiñen el agua de un tono verde fluorescente— no es un fenómeno aislado. El Ministerio ha advertido en los últimos días que la proliferación puede intensificarse si continúan las condiciones climáticas actuales.
¿Qué implica la apertura?
La “autolimpieza”, según la cartera ambiental, es un mecanismo natural que se potencia cuando la barra se abre: se descarga agua dulce —rica en nutrientes— hacia el océano, mientras que agua marina, más salina, retorna hacia la laguna. Esto ayuda a diluir la concentración de nutrientes y a limitar el crecimiento descontrolado de plantas y algas, incluidas las cianobacterias.
El proceso no es sencillo: se deben tener en cuenta factores meteorológicos como mareas y viento. Además, el nivel del agua en la laguna juega un papel central, porque debe estar en condiciones que permitan una apertura eficiente y duradera.
Un desastre ambiental persistente
Los técnicos advierten que la degradación del ecosistema no se debe únicamente a la floración de cianobacterias. Entre los principales problemas figuran la invasión de plantas acuáticas, la acumulación de sedimentos y la falta de intercambios frecuentes con el mar. Estos síntomas se han intensificado en los últimos años, en parte porque las aperturas naturales de la barra ya son cada vez más escasas.
En los registros del Ministerio de Ambiente y otras instituciones, se observa que la frecuencia y duración de las aperturas de la barra han disminuido en los últimos años. Además, algunos informes destacan que el cierre prolongado de la barra favorece la acumulación de materia orgánica y nutrientes, condiciones que alimentan la proliferación de algas nocivas.
Recomendaciones y alerta sanitaria
Frente a la situación, el Ministerio de Ambiente ha emitido una serie de advertencias para la población: evitar actividades recreativas en zonas donde se observa la floración, restringir el uso del agua para riego y no consumir pescado con vísceras si proviene de áreas afectadas.
Además, se realiza un monitoreo continuo del sistema mediante muestreos de campo y tecnología satelital, con el fin de evaluar cómo evoluciona la floración y el impacto de las intervenciones en el ecosistema.
Hacia una gestión más integral
La apertura actual se inscribe en un esquema más amplio: desde hace tiempo distintas voces, incluidas las de vecinos, científicos y organismos ambientales, reclaman un plan de manejo sostenido para la Laguna Garzón.
Entre las propuestas figuran aperturas más frecuentes, obras de canalización, monitoreo permanente y restauración de la barra arenosa. Todos estos elementos son parte de una visión de largo plazo para evitar que el deterioro ambiental de la laguna se vuelva irreversible.

