¿Está Uruguay preparado para una crisis tipo 2002? ¿cuánto cubren las reservas del Banco Central uruguayo?
A más de dos décadas de la crisis financiera de 2002 —marcada por una corrida bancaria, un fuerte shock cambiario y problemas de liquidez para hacer frente a la deuda pública—, Uruguay evalúa con cautela si su actual nivel de reservas internacionales sería suficiente para soportar un temporal similar hoy. El Banco Central del Uruguay (BCU) realiza simulaciones periódicas, y sus conclusiones muestran una situación mucho más robusta que en aquel entonces.
El antecedente que dejó cicatrices
En 2002, el país sufrió una de sus peores crisis económicas: bancos cerrados, depósitos retirados en masa y una demanda de dólares que las reservas no pudieron sostener. Esa experiencia ha quedado marcada en la memoria institucional y financiera del país.
Para evitar un escenario similar, el BCU utiliza un modelo que denomina “reservas de confort”: un nivel precautorio de activos externos (principalmente dólares) diseñado para soportar una combinación de choques simultáneos, como los de 2002: corrida bancaria, presión cambiaria y falta de acceso al financiamiento.
Escenario hipotético: ¿cuánto se necesitaría hoy?
Según los cálculos más recientes del BCU, en un escenario extremo similar al de 2002, la entidad central requeriría aproximadamente US$ 16.140 millones para hacer frente a todos los riesgos analizados.
Ese monto se desglosa de la siguiente manera:
- Para cubrir los riesgos monetarios y cambiarios, serían necesarios US$ 8.384 millones, de los cuales US$ 7.781 millones corresponderían al servicio de deuda del propio BCU.
- En cuanto al sector público no financiero —gobierno central y Banco de Previsión Social—, se estiman riesgos por US$ 3.035 millones, producto del pago de deuda más un déficit primario simulado en un contexto de crisis.
- Finalmente, para cubrir el sistema financiero (corrida bancaria) se requieren US$ 4.722 millones adicionales.
¿Y las reservas actuales?
Al 31 de agosto de 2025, el stock de activos de reserva del BCU alcanzaba los US$ 18.488 millones, según su último Informe de Política Monetaria. Esto implica una holgura de US$ 2.348 millones por sobre lo estimado para el escenario más adverso. El informe interpreta esto como una “posición financiera muy sólida”.
En cuanto a vencimientos de deuda, el perfil proyectado no arroja presión inmediata: más de dos tercios de la deuda deben pagarse después de 2028, lo que da margen ante posibles tensiones.
Cómo invierte el BCU sus reservas
Las reservas no están simplemente “guardadas”: el BCU las distribuye en cuatro fondos con diferentes propósitos:
- Fondo Liquidez (en dólares y otras monedas) — para permitir intervención rápida.
- Fondo Precautorio (US$) — reservado para riesgos extremos.
- Fondo Inversión (US$) — para generar retorno a mediano plazo.
- Fondo Especial, con activos en diferentes monedas (dólar, yuan, reales, pesos mexicanos) y en instrumentos más diversificados (bonos ESG, MBS, corporativos, etc.).
Al 30 de septiembre de 2025, estas carteras gestionaban unos US$ 18.521 millones. Del total, más de US$ 7.500 millones estaban en el fondo de liquidez, que es clave para reaccionar rápido ante crisis.
¿Qué función cumplen estas reservas?
No solo son un “colchón para emergencias”: el BCU las considera una especie de seguro. Permiten:
- Tener liquidez en dólares lista para vender si se necesita intervenir en el mercado cambiario.
- Garantizar el servicio de la deuda externa del propio Banco Central.
- Mejorar la percepción de riesgo por parte de los inversores: cuanto mayor sea el nivel de reservas, menor es la prima de riesgo país.
De acuerdo con el BCU, sus reservas “exceden en general el volumen de liquidez requerido para lo que puede considerarse la operativa diaria”, lo que refuerza su carácter precautorio.
¿Conclusión? Más preparación que en 2002, pero no inmunidad
El ejercicio de simulación del BCU sugiere que Uruguay cuenta hoy con un colchón mucho más robusto que hace más de veinte años, y que sus reservas actuales podrían resistir un choque múltiple como el vivido en 2002.
Sin embargo, ese “seguro” no implica inmunidad total: usar esas reservas en un escenario real de crisis requeriría decisiones difíciles, como vender dólares, enfrentar presiones sobre la tasa de interés, o asumir un déficit primario negativo.
Además, el costo de oportunidad de mantener reservas tan elevadas no es despreciable: esos recursos podrían usarse para inversiones o para otros fines.
En definitiva, Uruguay parece estar mejor equipado para capear un temporal económico-financiero que hace dos décadas. Pero la fortaleza no elimina los riesgos: la clave estará en cómo se gestionen esos recursos si llegara una crisis real.

