El día después del Chavismo: ¿Venezuela está preparada para una transición sin caos si EE.UU. precipita la caída de Maduro?

ActualidadInicioLas mas leidas

Con un despliegue militar sin precedentes de Washington en el Caribe y el aumento de las presiones, analistas advierten que la fractura de las Fuerzas Armadas y el poder de grupos criminales armados como el ELN, las FARC y el Tren de Aragua complican el mantenimiento del orden en un eventual colapso del régimen.

La política de «máxima presión» de Estados Unidos contra el régimen de Nicolás Maduro ha escalado a un nuevo nivel. El despliegue militar en el Caribe —que incluye destructores con misiles, aviones de combate, un submarino nuclear y la inminente llegada del portaviones Gerald Ford—, junto con la reactivación de operaciones encubiertas de la CIA y la amenaza de acciones terrestres, han vuelto a poner sobre la mesa la posibilidad de un derrocamiento precipitado de Maduro.

Sin embargo, el debate crucial entre los analistas no se centra en si el presidente estadounidense, Donald Trump, puede precipitar el colapso, sino en la ingobernabilidad que podría desatarse en el «día después». Expertos advierten que Venezuela no está preparada para una transición pacífica y ordenada, y que el riesgo de fragmentación y violencia interna es la mayor amenaza para un eventual gobierno de transición.

La Fragilidad del Orden Post-Maduro

En el escenario de que la presión de EE.UU. logre fragmentar el apoyo de las Fuerzas Armadas a Maduro, o que una intervención puntual logre su salida, el orden interno se convertiría en un desafío existencial.

Phil Gunson, analista senior de Crisis Group para la región andina, advierte que sería «muy difícil que se produzca una transición pacífica en esas circunstancias». El riesgo principal radica en una división dentro del estamento militar: aquellos que se oponen a la transición, para quienes la amenaza es existencial, probablemente ofrecerían resistencia, incluso si Maduro se marcha sin combatir.

La gran dificultad para un gobierno entrante —que hipotéticamente estaría encabezado por Edmundo González, ganador de las elecciones de julio de 2024 según la oposición— sería mantener la estabilidad sin haber negociado previamente con la Fuerza Armada, un cuerpo al que Washington califica como un «cartel narco-terrorista». Gunson plantea un dilema ético y práctico: «¿A la misma Fuerza Armada que tú calificas como un ‘cartel narco-terrorista’ le vas a pedir que mantenga el orden para que no caiga tu gobierno?». Aunque la mayoría militar seguiría órdenes, «incluso una minoría bien armada te puede hacer la vida muy difícil».

El Poder de los Grupos Armados No Estatales

La preocupación por la ingobernabilidad se extiende más allá de los cuarteles y toca el territorio. James Story, exembajador de Estados Unidos en Venezuela, aunque descarta una violencia sectaria a la escala de Irak o Libia, alerta sobre el desorden provocado por la penetración del crimen organizado. Story señaló la presencia de grupos armados colombianos como las FARC y el ELN, además del temido Tren de Aragua y otros grupos criminales que operan en distintas regiones del país.

Phil Gunson coincide en que «hay muchos grupos armados no estatales… que están comprometidos con el statu quo y no tienen ningún incentivo para abandonar sus negocios». Estos grupos representan una fuerza paralela que un gobierno de transición, que enfrentaría simultáneamente una crisis económica y humanitaria con una burocracia disfuncional, tendría enormes dificultades para neutralizar.

En este contexto, Story advierte que un gobierno legítimo, si bien podría acceder a financiamiento multilateral, necesitaría gestionar la transición militar con mucha cautela. Si bien aquellos que han cometido graves violaciones a los derechos humanos no deben ser rehabilitados, es esencial preservar a los oficiales que juren lealtad a la Constitución. Una purga indiscriminada, aseguró Story, generaría una fuerte inestabilidad, aunque «no sería Haití, no sería Irak, no sería Libia, pero habría un desorden».

El «Estado Cuartel» en la Mira de Trump

La capacidad de resistencia de Maduro reside en la consolidación del llamado «Estado cuartel». El mandatario chavista ha profundizado la herencia de Hugo Chávez, fortaleciendo la «unión cívico-militar-policial», otorgando a los militares protagonismo económico y político, ampliando su presencia en el gabinete y reforzando la vigilancia interna con apoyo cubano.

Maduro ha logrado convertir a los militares en aliados con intereses directos en el sistema, haciendo de su lealtad un asunto de supervivencia económica y personal. Es este entramado, diseñado para resistir sanciones, aislamiento diplomático y llamados a la transición, lo que Estados Unidos busca ahora resquebrajar mediante una presión militar sostenida frente a sus costas.

A pesar de la alta presión militar en el Caribe, no hay señales visibles de fractura en el alto mando venezolano. Sin embargo, la tensión es máxima. El destino de Venezuela no depende solo de la caída de Maduro, sino de la capacidad de la comunidad internacional y la oposición interna para contener la violencia de los grupos armados y evitar la desintegración del orden interno, un escenario que los analistas temen más que la permanencia del actual régimen.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *