El «casi» primer año del gobierno de Orsi: ¿cumplió con las expectativas económicas?
Casi al cumplirse el primer año de gobierno de Yamandú Orsi, surgen múltiples interrogantes sobre el rumbo económico del país. Si bien su administración arrancó en marzo y heredó un presupuesto que no diseñó, el balance hasta ahora arroja una combinación de continuidad con los gobiernos previos, algunas innovaciones institucionales, y promesas esperanzadas en torno a crecimiento y transparencia.
1. Un año “corto”, pero con peso político y financiero
El presidente Orsi asumió con un equipo mayoritariamente nuevo, con pocos cuadros repetidos de administraciones anteriores, especialmente del Frente Amplio. Esto ha limitado la velocidad para implementar cambios profundos: su primer año fue “corto” no solo por el calendario, sino también porque debía lidiar con un presupuesto heredado.
Los críticos argumentan que esas restricciones políticas han condicionado la capacidad del gobierno para impulsar reformas más radicales. En ese sentido, la Rendición de Cuentas se presenta como una instancia clave para observar si se intensifican cambios o si se mantiene un perfil más moderado.
2. Consejos de Salarios: desindexación, pero poca novedad
Una de las políticas económicas centrales de este primer año ha sido la negociación salarial en los Consejos de Salarios. Según el análisis, el gobierno ha logrado cierta sintonía entre el MEF (Ministerio de Economía y Finanzas) y el MTSS (Ministerio de Trabajo), algo que generó expectativas de estabilidad.
Destaca, en particular, la desindexación salarial, es decir, la desvinculación de los aumentos automáticos por inflación (“gatillos”). Se estima que, durante los próximos dos años, ese mecanismo dejará de operar tal como se conocía.
Sin embargo, más allá de esa novedad, los acuerdos salariales han sido calificados como marginales: gran parte del esquema salarial vigente mantiene rasgos heredados, según algunos expertos, lo cual sugiere que el consenso ha primado por sobre la transformación estructural.
3. Presupuesto y política fiscal: optimismo y riesgos
El presupuesto aprobado para este primer año apunta a un crecimiento económico ambicioso, cercano al 13%. Esa proyección se basa tanto en un aumento en el empleo como en una mejora del salario real.
Se prevé que en la segunda mitad del período —y especialmente hacia el final del mandato— las cuentas públicas mejoren gracias a un mayor ingreso tributario, una recaudación más eficiente y un crecimiento más sólido. No obstante, advierten analistas, si ese crecimiento no se materializa, habrá riesgo de tener que subir impuestos o recortar gasto justo cuando se avecina una campaña electoral.
Además, el presupuesto introduce ajustes en la institucionalidad fiscal: refuerza el Consejo Fiscal Asesor y pone énfasis en una regla fiscal más moderna, con aportes de técnicos externos. También hay un avance en transparencia, especialmente sobre qué inversiones se informan al Parlamento. Pero algunos observadores consideran que el “tope de deuda prudente” podría estar planteado en un nivel demasiado alto.
4. Política monetaria y desafío de la desdolarización
En cuanto al frente monetario, el gobierno ha mantenido una estrategia contractiva, con el objetivo de controlar la inflación a través del “atraso cambiario”. Ese enfoque requiere consistencia entre las políticas salarial, fiscal y monetaria.
Uno de los logros más destacados ha sido la gestión de las Letras de Regulación Monetaria, cuyo rendimiento ha caído notablemente (alrededor de un 2% en los últimos seis meses), lo que podría estar allanando el camino para una baja en la Tasa de Política Monetaria.
No obstante, el gran desafío de fondo es la desdolarización de la economía: aunque hay voluntad, el análisis del primer año apunta a que no habrá avances significativos y profundos, especialmente si no cambia la mentalidad dolarizada de una parte importante de la sociedad.
5. Restricciones políticas y realismo en las demandas
Al evaluar este primer año, es importante reconocer que no todo depende de la economía. El análisis señala con acierto que la política muchas veces limita lo que podría hacerse desde el plano técnico: no es lo mismo soñar con reformas profundas que tener que lidiar con el peso de coaliciones, compromisos y presupuestos heredados.
Además, se destaca que al hacer un balance no se debe exigir al gobierno lo que no prometió: Orsi no llegó con un mandato claro de reducir el gasto público de forma provocativa, a diferencia de su antecesor. Esa realidad condiciona la calza entre lo prometido y lo ejecutado.

