La electrificación movil en Uruguay: seducción de costos, riesgo de mercado y la sombra del Greenwashing
La electromovilidad ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en una realidad exponencial en Uruguay. En los últimos tres años, la oferta y la demanda de vehículos eléctricos (VE) se han disparado, un fenómeno que se explica no solo por la tecnología, sino por dos factores económicos y geográficos determinantes: el país tiene «uno de los combustibles más caros del planeta» y, al mismo tiempo, cuenta con una matriz energética limpia, renovable y eólica. Esta combinación hace que cargar un VE en el enchufe resulte una opción de uso «mucho más razonable» y conveniente que un vehículo a combustión para la gran mayoría de la gente, especialmente en zonas urbanas y para recorridos cortos.
El crecimiento del parque automotor ha sido tal que hoy Uruguay está cerca de las 70 marcas de autos, superando a países de la región y equiparándose a Costa Rica en infraestructura de carga. Además, los precios han cambiado: hoy se puede comprar un VE más barato o al mismo precio que uno de combustión, pero con mejor equipamiento.
El Greenwashing y el Fantasma de las Baterías
A pesar del silencio de sus motores y la matriz limpia uruguaya, la transición eléctrica es objeto de una advertencia inicial: «no todo lo que brilla o circula sin ruidito es verde». Si bien los VE no emiten gases de efecto invernadero al circular, la fabricación y el reciclaje de las baterías dejan una «huella ambiental muy significativa» que a nivel global todavía no se ha podido abatir.
Esta contradicción ha llevado a definir la situación como «greenwashing» o «mentira del mercado». La industria de las baterías está fuertemente localizada en China, país que, además de tener enormes plantas de producción, son «prácticamente los dueños del litio del mundo». Esto implica que cualquier empresa de vehículos terminará trabajando con China para la producción de baterías o tecnología.
La Ansiedad de Rango y el Riesgo de la Reventa
La principal limitación para el conductor es que el VE exige planificación, especialmente para viajes largos, ya que no se tiene la autonomía inmediata de un vehículo a gasolina. Hoy existen autos en Uruguay que declaran autonomías cercanas a los 500-600 km, por lo que el miedo a parar muchas veces está «medio perimido». La estrategia es aprovechar los «tiempos muertos» de espera (como una comida de media hora) para realizar una carga parcial.
Sin embargo, el factor más incierto es el valor de reventa. En Uruguay, el mercado de usados eléctricos es «muy reciente» y aún no se sabe qué pasará, lo que supone un riesgo. En Europa y Estados Unidos, el valor de reventa de los eléctricos «bajó muchísimo», al punto que un vehículo de 3 a 4 años se compra por menos de la mitad de su valor original. Esto ha provocado que clientes que compraron un VE usado se estén pasando a la nafta al momento de vender.
La Carga y la Vida Útil de la Batería
La vida útil de la batería se mide por ciclos de carga, no por años. Es crucial la química de la batería: las de Níkel Manganeso Cobalto (NMC) son más caras, y las de Litio Ferro Fosfato (LFP) son más económicas.
El principio es similar al de un celular: si se le da un estrés mayor a la batería, durará menos ciclos. El estrés se produce al cargarla y descargarla totalmente (ciclo completo). La recomendación de los expertos es cargar el auto eléctrico «de ratitos», evitando el 0% y el 100%. Esto hace que el ciclo no se complete y el desgaste sea menor.
Respecto a los cargadores:
- Cargadores de Corriente Continua (Rápidos): Son los que «estresan la batería» y deben evitarse en el uso diario.
- Cargadores de Corriente Alterna (Domésticos): Son los ideales. Cargan despacio, estresan menos la batería, y sale más barato porque se pueden usar en horas de menor demanda, como la noche.
La logística de carga es un problema para quienes viven en un edificio de muchos pisos y sin cochera o garaje propio. Esto obliga a muchos a recurrir a cargadores públicos (generando filas) o, en casos de emergencia, usar el cargador que viene de fábrica (similar a una zapatilla especializada), aunque este también estresa la batería y carga más lento que un Wallbox. Por seguridad, se advierte que intentar usar un alargue desde un piso alto es «peligrosísimo» y un riesgo de incendio.
La Opción Híbrida y la Trampa del Microhíbrido
Para la gente con «ansiedad de rango» o que hace largos recorridos, el híbrido se presenta como un camino intermedio. El híbrido real ofrece un plan B de combustión en caso de que se agote la batería. El híbrido enchufable (PHEV) es una de las mejores soluciones, ya que permite usar el modo eléctrico en la ciudad y pasar a combustión en ruta.
No obstante, el mercado ha introducido el microhíbrido, una categoría que ha sido calificada como un «recobeco legal» de las marcas. Su objetivo principal no es el ahorro, sino la obtención de «etiquetas verdes» y extensiones impositivas en Europa, lo que les permite reducir las multas gubernamentales. Este motor eléctrico es muy pequeño y solo asiste en los momentos de mayor demanda de energía: el encendido y el apagado del motor, ofreciendo un ahorro de combustible mínimo en comparación con un híbrido de verdad.
Finalmente, tanto para los eléctricos como para los híbridos, la conveniencia como inversión no dependerá tanto de la tecnología, sino del «respaldo de la marca y del importador» en el mercado local.
