La agrupación advierte sobre posibles impactos ecológicos y costos a largo plazo en las propuestas para mitigar la erosión costera en Piriápolis.
El debate por el futuro de la playa de Piriápolis sumó un nuevo capítulo tras las objeciones planteadas por el colectivo ambiental Naturalmente Piriápolis al proyecto presentado por la Comisión Pro Playa para enfrentar la erosión costera.
La iniciativa, que busca mitigar los efectos del cambio climático en el balneario, incluye alternativas como el relleno artificial de arena mediante extracción desde bancos en altamar y la instalación de estructuras para retener sedimentos. Sin embargo, desde el colectivo advierten que estas propuestas presentan incertidumbres técnicas y posibles impactos ambientales no suficientemente evaluados.
Dudas sobre el origen de la arena y el impacto ambiental
Uno de los principales cuestionamientos apunta a la falta de claridad sobre la fuente del material para el relleno. Según el documento elaborado por integrantes de la Red Ambiental Piriápolis y Alrededores, no existen certezas sobre la disponibilidad ni la calidad del sedimento necesario para una intervención de gran escala.
Además, señalan que no se contemplan estudios detallados sobre los efectos del dragado en los ecosistemas marinos, particularmente sobre la fauna que habita en el lecho oceánico.
Costos y sostenibilidad a largo plazo
Otro punto central es el mantenimiento de las obras. El colectivo advierte que las intervenciones costeras no son soluciones definitivas, sino que requieren inversiones continuas para sostenerse en el tiempo.
En ese sentido, cuestionan si se han evaluado los costos a diez o veinte años, considerando que fenómenos como temporales o cambios en la dinámica marina podrían obligar a nuevas inversiones.
Riesgo de impacto en playas cercanas
El documento también plantea interrogantes sobre cómo estas obras podrían afectar a otras playas del entorno, como Playa Hermosa, Playa Verde o Playa San Francisco.
Según el colectivo, intervenciones como espigones pueden modificar las corrientes y acelerar la erosión en zonas contiguas, trasladando el problema en lugar de resolverlo.
Participación ciudadana en el centro del debate
Otro de los reclamos apunta a la falta de instancias de intercambio durante la presentación del proyecto. En este contexto, el colectivo plantea la necesidad de aplicar principios del Acuerdo de Escazú, que promueve la participación ciudadana en decisiones ambientales.
También proponen incorporar estrategias de educación ambiental para que residentes y turistas comprendan la playa como un ecosistema dinámico y no solo como un espacio recreativo.
Experiencias internacionales bajo análisis
Para fundamentar sus preocupaciones, el colectivo cita antecedentes en Balneário Camboriú y Cancún, donde proyectos similares requirieron inversiones constantes y no lograron frenar la erosión de forma definitiva.
Según el documento, estos casos evidencian que los rellenos masivos de arena pueden convertirse en soluciones temporales con altos costos de mantenimiento.
Un debate abierto
Mientras desde la Comisión Pro Playa se sostiene que algunas de las alternativas —como la instalación de espigones— podrían reducir la erosión, el planteo del colectivo ambiental introduce una discusión más amplia sobre el equilibrio entre desarrollo turístico, sostenibilidad ambiental y participación social.
El futuro de la playa de Piriápolis, uno de los principales atractivos del departamento de Maldonado, continúa así en el centro del debate público.


