Icono del sitio Ecos del Este

¿Maestros o carpinteros? El pedido de Primaria de lijar bancos y reparar sillas que generó rechazo

Un comunicado oficial de Educación Primaria incluyó tareas de reparación de mobiliario escolar entre las actividades de cierre del año lectivo. La Federación Uruguaya de Magisterio cuestionó la disposición y reclamó su revisión. ¿Hasta dónde llegan las responsabilidades de quienes tienen como principal función enseñar?

Una indicación incluida en un comunicado oficial de la Dirección General de Educación Inicial y Primaria (DGEIP) abrió una discusión sobre las responsabilidades de los maestros uruguayos. Entre las tareas previstas para finalizar el año escolar aparecen el lijado de bancos, la eliminación de escrituras del mobiliario y la reparación de sillas.

El planteo, que podría parecer una indicación habitual de mantenimiento escolar, adquiere otra dimensión cuando se observa que el documento propone coordinar esas actividades con todos los docentes.

La disposición provocó la reacción de la Federación Uruguaya de Magisterio – Trabajadores de Educación Primaria (FUM-TEP), que cuestionó la inclusión de esas tareas y solicitó revisar el comunicado.

¿Qué dice exactamente el documento de Primaria?

El Comunicado N.º 35, fechado el 27 de octubre de 2026 y firmado por el inspector técnico Oscar Pedrozo, establece distintas orientaciones pedagógicas, organizativas y administrativas para el cierre del año lectivo.

En su sexta página, dentro de las actividades que pueden realizarse antes de finalizar los cursos, aparece la siguiente indicación:

“Dejar el mobiliario en correctas condiciones (lijado de bancos quitando escrituras, sillas reparadas)”, coordinando la tarea con todos los docentes, la Comisión de Fomento y el Consejo de Participación.

Es importante establecer una diferencia: el documento no ordena expresamente que cada maestro deba lijar personalmente un banco o reparar una silla. Sin embargo, incorpora al colectivo docente en la coordinación de trabajos que van más allá de las actividades estrictamente pedagógicas.

Precisamente allí surge el cuestionamiento: ¿corresponde involucrar a los maestros en la ejecución de reparaciones o su responsabilidad debería limitarse a identificar necesidades, organizar los espacios y comunicar los desperfectos?

La respuesta del sindicato no tardó en llegar

El 29 de octubre, apenas dos días después del comunicado oficial, FUM-TEP envió una nota a la directora general de Educación Inicial y Primaria, Gabriela Salsamendi, firmada por su secretaria general, Alejandra Pereira.

La organización sostuvo que no corresponde exigir actividades ajenas a la función docente y señaló que el mobiliario escolar debe mantenerse en buenas condiciones durante todo el año.

Para el sindicato, esa responsabilidad recae en la Administración y no en los maestros.

Además, la Federación hizo una precisión sobre la colaboración de las familias y otros integrantes de la comunidad educativa: su participación debe ser voluntaria y no responder a una imposición administrativa.

La organización solicitó formalmente revisar los aspectos cuestionados del comunicado.

¿Qué establece la normativa sobre el trabajo de los maestros?

El Estatuto del Funcionario Docente de ANEP⁠ define la docencia directa como aquella que se desarrolla en relación inmediata con los alumnos. También reconoce funciones de docencia indirecta, vinculadas con dirección, orientación y supervisión.

Su artículo 3 establece que los docentes deben cumplir los cometidos ordinarios y extraordinarios determinados por sus superiores, pero introduce una condición importante: deben guardar relación con la naturaleza del cargo.

El Estatuto no identifica expresamente el lijado de bancos ni la reparación de sillas como funciones docentes. No obstante, esa ausencia tampoco permite concluir, por sí sola, que toda participación en tareas de mantenimiento esté prohibida.

Hay un antecedente especialmente significativo.

En julio de 2024, la propia ANEP presentó su Manual de Uso, Gestión y Mantenimiento de Edificios Educativos⁠.

Allí se establece que la responsabilidad del mantenimiento de las edificaciones educativas corresponde a la ANEP, mientras que el cuidado y buen uso de los centros involucra a toda la comunidad.

El manual también contempla pequeñas reparaciones comunitarias que no requieren personal especializado, siempre que se cuente con herramientas adecuadas y la supervisión técnica correspondiente.

La diferencia, entonces, está entre promover una colaboración organizada y convertir esa participación en una obligación laboral.

El debate de fondo: ¿quién debe mantener las escuelas?

Nadie cuestiona la importancia de que los estudiantes encuentren salones limpios, bancos en buenas condiciones y sillas seguras.

Tampoco resulta extraño que docentes, familias y vecinos colaboren voluntariamente para mejorar sus escuelas, una práctica que forma parte de la historia de numerosas comunidades educativas uruguayas.

Pero el comunicado plantea interrogantes que merecen respuestas.

¿Quién debe proporcionar las herramientas y los materiales? ¿Quién determina si una reparación puede realizarse sin conocimientos técnicos? ¿Quién responde ante un accidente durante esas tareas? ¿Puede exigirse a un maestro que realice trabajos de mantenimiento como parte de sus obligaciones funcionales?

Son preguntas que cobran relevancia cuando una orientación administrativa incluye trabajos manuales sin precisar quién debe ejecutarlos ni bajo qué condiciones.

La discusión tampoco debería reducirse a si un maestro está dispuesto o no a colaborar. Lo que está en juego es la delimitación de responsabilidades entre los trabajadores de la educación y la Administración encargada de garantizar condiciones adecuadas para enseñar y aprender.

Cuidar la escuela es una responsabilidad compartida. Garantizar su mantenimiento es una responsabilidad institucional.

El pedido de revisión presentado por FUM-TEP deja planteada la necesidad de que Primaria aclare el alcance de la disposición.

Porque, más allá de las buenas intenciones que pueda tener una jornada de acondicionamiento escolar, la pregunta sigue siendo pertinente: ¿hasta dónde debe llegar el trabajo de un maestro y dónde comienza la obligación del Estado de proporcionar los recursos y el personal necesarios para mantener sus escuelas?

Salir de la versión móvil